Sin duda Javier Milei se ha convertido en uno de los referentes más importantes del liberalismo argentino. Con su estilo desencajado y hasta a veces delirante, se transformó en los últimos años en un excelente expositor del sistema económico y político que defiende.
Pero recién este año, y a partir de su decisión de incursionar en la política, su nombre adquirió más popularidad. Y es que Milei logró nuevamente hacer subir al ring a las ideas liberales; las mismas que parecían pertenecer a un esquema político rígido y conservador, tal vez algo anacrónico, a pesar de que la evidencia empírica demuestra el éxito y la vigencia que las mismas tienen en los países que la aplican.
De ésta forma, el economista devenido en político se transformó de la noche a la mañana en un fenómeno, ya que curiosamente comenzó a captar la atención de los sectores más jóvenes de la sociedad. Un segmento para el cual generalmente el status quo es pertenecer a la izquierda. Al parecer, en su mayoría son jóvenes que a pesar de su carácter rebelde y exaltado (propios de la edad), muestran inquietudes interesantes, como ser un interés por la lectura y el debate de ideas.
En definitiva no podemos saber si el fenómeno Milei será pasajero, como pasó con otras fuerzas políticas en el pasado o si se consolidará en el tiempo. Pero lo que podemos presumir es que a nuestro país no le queda otro camino para salir de la decadencia en que se encuentra, que acercarse a las ideas de la libertad. Tenemos un Estado espantosamente grande, ineficiente y extremadamente intervencionista y corporativista. Una estructura socialista donde pocos aportan, para que ese aporte se distribuya entre muchos.
Evidentemente el sector privado y el capitalismo (aún con sus imperfecciones) mueven el mundo. Muchos ya lo están entendiendo así; incluso algunos referentes del justicialismo, como Miguel Angel Pichetto, quién recientemente en su visita a la ciudad de Oberá expresó que tiene «una visión liberal». Tal vez haya escrudiñado a Perón (que solía destacarse por ser a veces más pragmático que doctrinario), y que en una oportunidad dijo que una comunidad en la que pocos producen y muchos consumen, es una comunidad que no va a ninguna parte y que cada argentino debería producir por lo menos lo que consume. ¿ No suenan estas expresiones como una especie de «apología de la economía de mercado»?.
En definitiva, solo con mayor libertad para producir e invertir se podrá ir creando riqueza, para de esa manera ir revirtiendo la realidad del país. Es un camino que se debería empezar a transitar… con Milei o sin Milei.
Por Nicolás Aguilar
