Mario Golemba no desapareció en la China comunista, ni en la Rusia de Putin. Fue en la ciudad de Oberá, provincia de Misiones, cuando el gobernador era Maurice Closs y el responsable político de la seguridad era Jorge Franco. Sin embargo, parece prosperar la reducción del asunto a una probable atrocidad de policías que no respondían a nadie y que habrían tenido la capacidad por sí mismos de permanecer impunes desde hace trece años. El diputado oficialista Rafael Pereyra Pigerl, abogado de la familia Golemba, recurrió a la justicia federal. Pero quizás tenga algunos datos más a mano. Podría preguntarle ¿qué pasó? al hoy también diputado oficialista Jorge Franco, su compañero de bancada desde hace un año y medio.
Ahora la causa está en manos del Juzgado Federal de Posadas. Se la investiga como “desaparición forzada de persona”. Y parece que hay un contraste entre la celeridad de ahora con la lentitud de antes.
El jueves 27 de marzo de 2008 Golemba viajó de Dos de Mayo a Oberá y desapareció. Hay testigos que afirman que fue detenido y torturado por policías en la comisaría de Dos de Mayo.
Si a Golemba lo desaparecieron policías, los responsables de eso tienen nombres propios. Y sus superiores, funcionarios políticos y judiciales que no pudieron permanecer ajenos a todo durante trece años, también.
Quiera Dios que el final de esto no nos haga recordar a esa parte de la película “Nixon”, de Oliver Stone, con Anthony Hopkins como el presidente sacudido por el caso «Watergate”:
-Vocero:»Señor Presidente, ¿qué le vamos a decir a la prensa?»
-Richard Nixon:»Lo que les decimos siempre. Todo. Menos la verdad»
Walter Anestiades
