«Los argentinos con capacidad de pensar a largo plazo, están pensando en irse. Es la peor noticia para un país que necesita de proyectos a mediano y largo plazo. La falta de un futuro es el peor presente que alguien podría imaginar», apunta un estudio de la consultora Taquión Research Strategy.
Una encuesta realizada por Taquión Research Strategy revela que en los últimos meses de aislamientos social, creció la cantidad de argentinos que están pensando en irse a vivir fuera del país. ¿Si pudieras irte a vivir fuera del país, lo harías? En abril, el 31% dijo que sí. En junio, ante la misma pregunta, la respuesta cambió: el 49,1% dijo que se mudaría. Un claro reflejo que el efecto de la cuarentena y el contexto económico y político también están impactando en la decisión de muchos de reorientar su norte.
Si bien no hay estadísticas en Migraciones que puedan medir este fenómeno, ya desde hace algún tiempo las consultas en las embajadas y consulados de países como Italia, España, o incluso Australia vienen creciendo. «En los últimos diez años se tramitaron más de 78.000 ciudadanías», apunta el cónsul general de Italia, Marco Petacco. «En los momentos de crisis e incertidumbre económica, crece la demanda de estos trámites. Es algo que ocurre siempre en la Argentina», agrega. Aunque por el momento se realizan trámites urgentes o de forma no presencial, la demanda de nuevos turnos es permanente, incluso durante la cuarentena.
No es un fenómeno nuevo, aunque esta vez tiene algunas características distintas. La particularidad es que este impulso de éxodo se da en momentos en que reina la incertidumbre en muchos de los países más prósperos. La pandemia cerró fronteras y complicó las economías, incluso del Primer Mundo. Pero a la vez alimentó el hartazgo en grandes sectores de la población, especialmente entre los jóvenes profesionales.
Hace algunos días, Marina Díaz Ibarra, que en 2016 dejó su cargo en Mercado Libre para irse a desarrollar una start up de innovación digital en Estados Unidos, publicó en sus historias de Instagram una pregunta «¿Pensando en irse?». Le llovieron las respuestas. «Me escribieron más de 400 personas. Desde chicos muy jóvenes hasta gente grande, que afirmaban que ellos ya están jugados, pero que alientan a sus hijos a que se vayan. También dos señoras de más de 60 años que, sin hijos en casa, se animaron y decidieron mudarse juntas a Europa», cuenta Marina.
«Creo que hubo una caída de ficha muy fuerte durante la cuarentena, que refleja algo que viene pasando. Muchos se decidieron cuando vieron cómo se vive la cuarentena en otras partes del mundo. Nosotros la enfrentamos emitiendo. Hay gente que siente que está dentro de una compuerta que se está llenando de agua: la inseguridad, la devaluación, la expropiación. y que cuando se sincere y se abra la cuarentena, la situación se va a desbordar. Es una pena, pero así vamos a exportar nuestros mejores cerebros al resto del mundo», opina Díaz Ibarra.
Mudarse en cuarentena
«¿Mami, por qué estos señores se llevan el sillón?» El hijo mayor de Vanina no entiende por qué casi todos los días vienen personas a llevarse cosas. Hace dos meses que deberían haberse mudado desde Tigre a Barcelona, una decisión que les llevó más de un año y que quedó interrumpida por la cuarentena. Los barcos de mudanza ya no salían, así que optó por desembalar los muebles y vender casi todo. Desarmar una casa es lento y doloroso, sobre todo para los chicos que ven el proceso como un despojo.
«Es difícil. En España no vamos a tener las cosas que acá tenemos. Todavía no tenemos trabajo y vamos con mucha incertidumbre. Pero preferimos ser nosotros la generación del desarraigo y que nuestros hijos tengan más oportunidades. No es por la situación económica que nos vamos. Al contrario, tanto mi marido como yo tenemos mucho trabajo. Pero hace un tiempo hicimos el ejercicio y no pudimos imaginarnos a mediano plazo. ¿Por qué? Hay derechos muy importantes como la libertad, la seguridad, el respeto a la propiedad que quiero que mis hijos tengan y siento que hoy el país no nos los está garantizando», dice Vanina. «Desde hace algún tiempo, cada vez que nos subimos al auto, lo primero que hacen los chicos es decirme que trabe las puertas y suba los vidrios. No vivimos ningún hecho de inseguridad directo. Pero ellos viven con miedo. Y ese miedo se los transmití yo. No me gusta esta decisión. Creo que el mejor lugar para mis hijos es su país, pero quiero que crezcan libres y con oportunidades», dice.
Hace poco más de un año, cuando Vanina, de 36 años, abogada y madre de tres hijos les comentó a sus amigas que su idea de mudarse a Barcelona, muchas le dijeron que estaba loca. «Hoy, la mayoría de ellas me llaman para felicitarme, para pedirme que les pase el dato del abogado que me hizo los papeles, que las ayude a conseguir trabajo. Algo dentro mío se rompió, en relación al país y al futuro, y por eso decido irme. Y me parece que le está pasando a mucha gente», dice.
Algo similar le ocurrió durante la cuarentena a Lucas Cairella, de 25 años, que tiene un título en administración de empresas y trabaja como country manager en una empresa de software. «Estoy buscando algo un poco mejor. No sé. Uruguay, Chile, Perú. Algo que me permita imaginarme una vida a diez años. Acá no puedo proyectar tener hijos, ni comprar una casa. Si ni siquiera podemos comprar más de 200 dólares», dice.
La Nación
