¿Cómo Argentina pasó del PBI pc más alto del mundo al 73º, y ser el país con más recesión desde 1950 en Latinoamérica?

En 1895 Argentina tenía un PIB per cápita de 5.786 dólares, ocupando el primer lugar a nivel mundial, seguido por Estados Unidos, Bélgica, Australia, Reino Unido, Nueva Zelanda, Suiza, Países Bajos (Holanda), Alemania y Dinamarca.

En 2019, con USD 20.500, el PBI per cápita argentino quedó en el puesto 73° del ranking internacional, siendo aproximadamente la mitad que el de Nueva Zelanda (USD 41.702,5), España (USD 40.854,6), Israel (USD 40.786,3), Italia (USD 42.080,4) y Japón (USD 43.349,3). Quedó más alejado del de Australia (USD 51.544,9) o Canadá (USD 47.870,7), y es la tercera parte que los EEUU (USD 62.641).

El peronismo sumió a la economía argentina en una ola de proteccionismo nacional socialista que ha ido arruinando la iniciativa privada. En un mundo en el que en general la inflación ha dejado de ser un problema, las pocas excepciones a la regla la conforman Venezuela (en medio de un proceso hiperinflacionario) seguida por Zimbabue (183%) y la Argentina (57%)

Los argentinos han pasado por muchas crisis en un periodo de tiempo muy corto. Quienes tienen 40 años, por ejemplo, ya convivieron con 2 hiperinflaciones (’89 y ’90), crisis del Tequila en 1995, crisis de 2002, crisis internacional de 2009. En tanto en el otro extremo los adultos mayores que tienen 60 años han pasado 37% de su vida en recesión.

De acuerdo con Bloomberg, Argentina ha estado en recesión al menos un tercio del tiempo transcurrido desde 1950 hasta la fecha. Actualmente, el país aparece en el puesto 149 (sobre 180 países evaluados) del ranking de libertad económica 2020 elaborado por la Fundación Heritage, junto a cuatro países africanos: Camerún, Zambia, Etiopía y Guinea Bissau; y ocupa el puesto 83 entre 141 países de los más competitivos del mundo. 



Pero, ¿Qué pasó? 


A fines del siglo 20, Argentina tenía una de las economías más liberales del planeta. Lo que permitió que los argentinos comenzaran a trabajar en el campo y a exportar materia prima a Gran Bretaña, que durante años fue su principal socio comercial.

Durante la presidencia de Julio Argentino Roca se produjo una expansión de la tierra, el trabajo y el capital, debido a la inmigración que fue bien aprovechada, con el otorgamiento de tierras disponibles. En aquel entones la lana de oveja era uno de los principales productos de exportación, y poco a poco la carne argentina fue ganando espacio y una enorme reputación en los mercados internacionales.

Bajo el mandato de Roca se produjo la llamada Conquista del desierto, que anexó al control argentino millones de hectáreas, que posteriormente serían aprovechadas para fortalecer e incrementar la producción y, por ende, la economía del país. Durante ese período, en la economía de la Pampa se pasó de cultivar unos 2 millones de hectáreas, a más de 20 millones; la producción de carne y granos también aumentó exponencialmente y, de a poco, Argentina, vendiendo al exterior sus productos, se convirtió en el país más rico del planeta. Tal era así que para ese entonces el PIB per cápita argentino era tres veces superior al del resto de países de una región subdesarrollada.

Luego de unos años con algunos reveses económicos bajo la administración del sucesor de Roca, Miguel Juárez, quién cayó en el vicio del enorme gasto público, el exmandatario de apellido “Argentino” volvió a la presidencia tras protestas por la afectación de la economía. Entonces se volvió a encaminar el rumbo.

Mediante privatizaciones, exportaciones e incentivos a la producción y el agro, la economía argentina volvió a ponerse sobre ruedas. Un par de años después se convirtió en el país más rico del mundo. Empezó entonces el proceso de industrialización de la nación, que en 1914 representaba el 16 % del PIB.

Argentina fue, además, un ejemplo exitoso de inclusión migrante: italianos, judíos, portugueses, alemanes, españoles y guaraníes conformaron el más grueso grupo inmigrante. Varios de estos llegaron con capital para invertir, lo que repercutió de manera favorable en el país. Entre 1870 y 1920 más del 70 % de la inversión extranjera en la región llegó a Argentina.

Sin embargo, la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión norteamericana afectaron a la economía argentina debido a que sus principales socios comerciales perdieron capacidad de pago. El 1 de mayo de 1933 se firma el Pacto Roca-Runciman, que establecía que el Reino Unido se comprometía a continuar comprando carnes argentinas siempre que su precio fuera menor al de los demás proveedores mundiales. Como contraparte, Argentina aceptó la liberación de impuestos para productos británicos, al mismo tiempo que se comprometió a no habilitar frigoríficos de capitales nacionales. Esto hizo que llegada la Segunda Guerra Mundial Argentina alcanzara un excedente comercial de 1,7 mil millones de dólares acumulados. 


Juan Domingo Perón 


El teniente coronel Perón se hinchó de popularidad al ejercer como secretario de Trabajo y Previsión, haciendo nexos con los sindicatos de trabajadores socialistas y comunistas del país, y consiguiendo negociaciones que “favorecían” a los empleados. La popularidad de Perón fue creciendo hasta llegar a convertirse en vicepresidente, y luego ser electo presidente de Argentina.

La primera etapa peronista se caracterizó por mantener un exacerbado gasto público que justificaba con “redistribuir el ingreso hacia los más pobres” y empezar a intervenir con fuerza en la economía. Juan Domingo Perón comenzó a imponer fuertes aranceles. De hecho, los cuatro principios fundamentales de su discurso fueron: “mercado interno”, “nacionalismo económico”, “rol preponderante del Estado” y “papel central de la industria”. Bajo estas premisas procedió, en 1946, a nacionalizar el Banco Central de Argentina. También fueron estatizadas, entre 1946 y 1948, todas las líneas férreas del país que antes pertenecían a empresas británicas y francesas.

Empezó a construir un discurso populista de índole nacionalsocialista, inspirado en los tiempos que vivió de cerca el fascismo de Mussolini en Italia y el nazismo alemán de Hitler. De hecho, Argentina fue acusada durante la era Perón de recibir y hacer negocios con los nazis. Bajo estos “principios económicos” también se lanzaron las “20 verdades peronistas”, que se convirtieron en mandamientos bíblicos para gran parte de los argentinos. Algunas de las “verdades” más preponderantes en su Gobierno eran las siguientes:

Ningún peronista debe sentirse más de lo que es ni menos de lo que debe ser. Cuando un peronista comienza a sentirse más de lo que es, empieza a convertirse en oligarca.
Para un peronista de bien no puede haber nada mejor que otro peronista.
Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos, damos al pueblo un abrazo de justicia y amor.
Como doctrina económica, el justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y esta al servicio del bienestar social.
Constituimos un gobierno centralizado, un Estado organizado y un pueblo libre.
Cuando Perón asumió como presidente en 1946, había aproximadamente quinientos mil trabajadores agremiados. En 1951 esta cifra se había elevado a tres millones.

De esta forma inició la gran debacle económica argentina. Los factores domésticos impulsados por Perón, impresión descontrolada de billetes, alto gasto público, inflación excesiva, proteccionismo elevado y un exceso de regulaciones, fueron dañando la competencia empresarial de la nación, pulverizando los márgenes de producción y derrumbando la bonanza económica, a cambio de una “redistribución de los ingresos”. Los argentinos empezaron a empobrecerse, pero tenían al frente a un hombre que les decía que estaba luchando por ellos. Algo muy similar a lo que haría años después Hugo Chávez en Venezuela.

Los problemas económicos suscitados en Argentina tras ser la economía más pujante del planeta, junto a desencuentros de Perón con la Iglesia, censuras comunicacionales a la “oposición” (cerró todos los diarios que lo criticaba) y la violación de derechos humanos, propiciaron el golpe de Estado que lo sacaría del poder y llevaría al exilio en 1955.

Desafortunadamente, para los argentinos, los militares que vinieron a sustituir a Perón no lo hicieron mucho mejor. Adheridos a la fiebre peronista basaron sus objetivos en un gasto público descontrolado, continuaron endeudando al país y enterrando la economía argentina. Todo esto serviría de impulso para que 18 años después Perón volviera del exilio para ser electo presidente.

Curiosamente, en la llegada de un Perón envejecido se suscitó un enfrentamiento a los alrededores del aeropuerto de Ezeiza entre una guerrilla comunista y una guerrilla de derecha, ambas apoyaban a Juan Domingo. Por esta desnaturalización ideológica en la que grupos tan contrarios apoyaban al peronismo, es que se dice que “todos los argentinos son peronistas”. El enfrentamiento terminó convertido en una masacre que dejó una docena de muertos. Finalmente Perón le daría la espalda a la guerrilla comunista, a pesar de declarase socialista, lo que da a entender lo difícil que ha sido comprender el peronismo, y, a su vez, lo hábil que fue el teniente coronel para sumar los apoyos más convenientes.

Al poco tiempo Perón murió enfermo. Su regreso triunfal no tuvo la gloria tan esperada para los argentinos, y le sustituyó en la Presidencia su esposa, María Estela Martínez de Perón, quien fungía como vicepresidente de Argentina, pero quién jamás logró los apoyos de Evita.

María Estela no pudo terminar su mandato, y en vez de ello volvieron los militares al poder, quienes tras los años más represivos de la historia argentina, fueron rechazados, y se abrieron las puertas a las nuevas décadas peronistas de Argentina. Desde entonces Macri ha sido el único presidente no peronista electo capaz de terminar su mandato. 

De todos los presidentes que vendrían, Carlos Menem fue el único que intentó abrir el mercado argentino y romper el cerco proteccionista. Pero lo hizo acompañado de un enorme gasto público y políticas populistas, al más fiel estilo peronista, por lo que nunca pudo balancear el patrimonio público argentino.

La maquinita de imprimir billetes, el proteccionismo exacerbado, la presión fiscal y el enorme gasto público han sido la guillotina de la economía argentina desde el primer Gobierno de Perón. 



Con extractos del libro de Emmanuel Rincón, «La reinvención ideológica de América Latina»