MISIONES. La agrupación docente Corriente Nacional Docente Conti-Santoro emitió un comunicado respecto al reparto de cuadernillos y hablando de la carencia de infraestructura del CEP 10, entre otras.
Ayer trascendió en medios provinciales la noticia del Director del CEP 10 que repartió cuadernillos a 60 alumnos de parajes rurales para que pudieran estudiar algo porque no tienen internet. Esta tarea le llevó al Director tres días y la realizó en su propia moto. En la misma noticia se aclara que el CEP 10 no tiene edificio propio y funciona por la tarde en un sector del comedor del edificio de la Escuela Primaria 747. Sin embargo, no es noticia la carencia infraestructural de la escuela y sus estudiantes, sino la predisposición heroica del Director en cuestión y su voluntad inquebrantable. De forma larvada, sin el mismo impacto mediático, estas escenas se repiten miles de veces en toda la provincia. Una maestra al frente de 60 estudiantes de distintos cursos, produciendo recursos propios para garantizar que sus alumnos puedan acceder a parte del proceso educativo y corrigiendo la tarea, una por una, desde el celular. Todo a través de Whatsapp. Sus estudiantes y familias la contemplan como una heroína. Por supuesto, el gobierno provincial agradece e incluso reivindica ese esfuerzo de docentes, estudiantes y familias por garantizar la continuidad educativa generando las condiciones, según el gobierno, para acreditar los contenidos.
La romanización de la miseria no es algo nuevo. Con ese mismo tenor, hace dos años, el Ministerio de Educación de la Nación celebraba orgulloso el periplo que realizaba todos los días un niño misionero de 6 años, caminando 3 kilometros bajo la helada y atravesando dos arroyos, para ir a la escuela. Un mismo hilo une aquella situación con las escenas actuales: la inversión ideológica, propia del acto de hacer de la miseria una virtud. La naturalización de una situación brutal tiene un efecto contundente en la clase obrera. El mayor logro de ese golpe en la boca del estómago es quitar del horizonte de lucha la posibilidad de una educación que denuncie la miseria en lugar de ponderarla y que desarrolle una política que combata la degradación en lugar de profundizarla.
En Argentina, esa ideología tiene una carnadura política concreta y se llama peronismo. El gobierno provincial es un buen gobierno peronista post-2001. Básicamente vive gracias a la coparticipación federal (renta) y eso lo hace acomodarse rápidamente según sople el viento de la política nacional. Acompañaron a Nestor, Cristina, Mauricio y ahora al Tío Alberto porque no hay dogmatismos, solo pragmatismo. Y porque la política educativa es la misma desde hace décadas: la profundización de la degradación. El discurso “misionerista” es precisamente la afirmación de esa política. No resulta extraño que busquen apropiarse, incluso a partir de aprietes, del esfuerzo realizado para tapar baches, romper alianzas y reivindicar el estado de degradación educativa actual.
Los baches no son sólo materiales. A la falta de accesibilidad a internet y otras condiciones materiales esenciales para garantizar la continuidad de las clases por vía virtual, hay que sumar el estrés que genera esta situación en docentes –sobrecargados de trabajo-, estudiantes y familias que no tienen ningún tipo de acompañamiento psicopedagógico.
El apoyo incondicional docente, fruto de una expresa solidaridad de clase forja un vínculo, una alianza, entre trabajadores. No podemos dejar que, con el discurso del heroísmo, el gobierno la capitalice: mamis y papis, no fue el gobierno, fuimos los docentes, los mismos que salimos a luchar en las rutas, los que les pusimos y ponemos el hombro a pesar de todos los problemas que el gobierno no resolvió porque no le interesa. Venimos de dar una fuerte lucha en las calles que logró abrir una mesa de discusión con el gobierno. Seguramente saldremos de esta pandemia en medio de una crisis más profunda y necesitaremos de esa solidaridad de clase. Más ahora que el gobierno empieza a levantar la cuarentena en varias actividades económicas lo que implicará más problemas y riesgos para miles de trabajadores y sus hijos.
Es fundamental intervenir con propuestas concretas que nos permitan soldar las alianzas que la propia coyuntura propició. Exigir que cada estudiante reciba una netbook, que cada uno cuente con conexión a internet y con los recursos didáctico-pedagógicos necesarios, unifica a estudiantes y docentes. Reclamar condiciones materiales para mantener una cuarentena estricta (cobrar un salario que permita vivir, superar condiciones de hacinamiento, contención física y emocional) unifica a tutores y docentes. Demandar que miles de docentes subocupados y desocupados sean incorporados, accediendo cargos y que todos cobremos un salario igual a la canasta básica familiar real, permitirá aliviar la sobrecarga de trabajo de los docentes ocupados que genera una presión en su salud, física y psicológica, unificando a docentes ocupados, desocupados y precarizados. Impulsar la ampliación de gabinetes psicopedagógicos interdisciplinarios de acuerdo a las necesidades de estudiantes y docentes y la centralización del personal no docente cumpliendo tareas pertinentes unificando así al conjunto de trabajadores de la educación. Ante una profundización de la crisis podemos ir construyendo un programa que rompa con el peronismo, defienda nuestros intereses de clase y permita discutir qué educación necesitamos. Un programa socialista.
Misiones
28-4-2020
