Lomos de burro no deberían superar 5 cm de alto por 4 m de largo para ser seguros, fluidos y no contaminar

BUENOS AIRES/OBERÁ. En países desarrollados consideran que, si el reductor de velocidad/lomo de burro obliga al conductor a frenar, no cumple su función de regular la velocidad sobre la calle, es decir, si la máxima es 40 km/h, el vehículo debería poder pasarlo a esa velocidad sin daños en la suspensión, pero si debe bajar a 10 km/h, además de entorpecer el tránsito y contaminar con dióxido de carbono, no cumple la función para la que fue pensado: obligar al conductor a circular a la máxima autorizada en esa vía.

 

Braian Toledo, atleta olímpico especializado en la disciplina de lanzamiento de jabalina, perdió la vida en un accidente de tránsito en la Ruta Provincial 40, tras salir despedido de su moto Royal Enfield 500, luego de impactar con un lomo de burro a alta velocidad. El reductor había sido instalado hace poco. Al perder el control de la motocicleta y desprenderse del vehículo, Toledo chocó contra dos palmeras ubicadas sobre un boulevard.

Ahora la gran pregunta es: ¿son peligrosos los lomos de burro? Si bien son concebidos como una alternativa para que los conductores no circulen a alta velocidad, hay que tener en cuenta diferentes cuestiones. En primer lugar, el despeje del suelo, el grado de elevación y la forma del reductor, son fundamentales para disminuir el riesgo de un accidente, ya que en determinadas ocasiones, el mal estado de la lomada y la elevación innecesaria, pueden ocasionar serios problemas.

 

Hace poco, un experto en seguridad vial llegó a Oberá y al ver la cantidad de lomos de burro expresó: «Si uno ve lomo de burro en una ciudad es porque son burros, y hay de todas las formas y dimensiones, muchos sin señalizar correctamente con árboles tapando los carteles, o señalizados sobre el lomo, y no antes. A estos se suman las «senadas elevadas» ubicadas frente al Colegio Mariano, el Juan Pablo, la escuela 185 y la 305 (donde hay un semáforo), cuya elevación y biselado es angular.

 

Existe una normativa al respecto en Misiones para rutas provinciales a las que los municipios deberían adherir para homogeneizar los diseños y ésta establece en su Artículo 6, Reductores de Velocidad Misiones que, se pueden instalar sistemas de reductor físico de velocidad denominado «Meseta» (Hump), en forma transversal al desplazamiento de vehículos, el cual se debe materializar con una elevación, respecto a la rasante del camino, no mayor de cinco (5) centímetros y una longitud total de cuatro (4) metros, siendo la superficie corrugada de dos (2) metros de ancho y explanadas ascendentes y descendentes de un (1) metro cada una, que abarca todo el ancho de la calzada y en cantidad que sea necesaria; previo a la utilización de dicho artificio se coloca a una distancia de cinco (5) metros, una línea de frenado de cuarenta (40) centímetros de ancho, pintada de color blanco, a los efectos que los conductores aminoren la velocidad antes de llegar al cruce. Esta meseta esta demarcada con líneas blancas y amarillas tipo cebrada, la pintura a utilizar es de tipo reflectante, la que recibe el mantenimiento adecuado para no perder el impacto visual previsto en la presente.

Los reductores se colocan, a una distancia de trescientos (300) metros, la señalización que indique la advertencia de ingreso a zona de reductores de velocidad, además de los indicadores verticales (carteles), espertadores/sonorizadores en todo el ancho de la calzada. Asimismo, en la zona de instalación de dichos reductores, se procede a la correspondiente señalización mediante placas montadas sobre un pie, con el isotipo correspondiente sobre un fondo amarillo reflectante, colocadas con relación al recurso y con anticipación de ciento cincuenta (150) metros en áreas urbanas, y una en correspondencia con la meseta, con el alumbrado pertinente en el lugar.

 

Los lomos de burro son nocivos para la salud

 

Los lomos de burro provocan que los autos emitan hasta un 60 por ciento más de dióxido de carbono (CO2) y de óxido de nitrógeno (NOx), y hasta un 47 por ciento más de otras partículas. Lo asegura un informe del National Institute for Health and Care Excellence (NICE).

El NICE llegó a esta conclusión luego de realizar pruebas sobre el terreno y detectó que los lomos de burro obligan a los conductores a hacer ciertas maniobras, como frenar, meter la primera o segunda marcha, superar el lomo a baja velocidad y luego acelerar.

Lo que hizo fue comparar las emisiones de los autos primero con lomos de burro, y luego con cojines berlineses, un método de reducción más eficiente. El resultado: 60% más de contaminación al utilizar lomos de burro.

«La conducción fluida reduce las emisiones contaminantes y la producción de partículas. Una conducción de constantes arranques y paradas provoca también la emisión de partículas de pastillas de freno y neumáticos», explicaron desde el organismo.

 

foto gentileza El Territorio