«Tenemos que tener menos municipios, echar ñoquis, suprimir direcciones, secretarías y ministerios…pero la gente no lo entiende»

BUENOS AIRES. El nuevo año comenzó sin Presupuesto de Gastos y Recursos, y consecuentemente sin plan integral de gobierno para poder quebrar más de una década con caída neta del PBI, alta inflación y elevados niveles de desempleo y pobreza; pero con intenciones de avanzar hacia el equilibrio de las finanzas públicas, aunque netamente sustentado en la ampliación de la carga tributaria; y el auxilio del Banco Central como prestamista de última instancia para enfrentar los compromisos financieros con el resto del mundo.

José Luis Espert economista, docente, recientemente incorporado a la arena de la política partidaria a través de “Unite por la Libertad y la Dignidad”; y autor de “La Argentina devorada” un libro que a comienzos de 2017 superó los 20.000 ejemplares vendidos con tres ediciones en sólo 6 meses, en el que denuncia el costo que representó para la Argentina el accionar de “los empresarios prebendarios, y sindicatos y políticos corruptos y muchos delincuentes”, y que cree que no cambiará con el nuevo gobierno, al menos dijo, “según los primeros pasos en poco más de 20 días” bajo la presidencia de Alberto Fernández.

– A poco más de 20 días con nuevo gobierno, ¿Cuál es su primera evaluación de lo hecho en política económica?

– La primera evaluación de lo hecho es una reflexión conceptual, filosófica. El presidente Alberto Fernández demuestra ser parte del problema y no de la solución a la decadencia argentina. El programa económico del Gobierno de ninguna manera ataca a las raíces de nuestra decadencia que ya es casi centenaria. Porque no ataca ni a los sindicatos, ni a la política, ni al empresario prebendario. Sino que a los tres los tiene adentro como socios de su programa. Y a los gobernadores les ha dado la bendición de la suspensión de todo lo vinculado con el Pacto Fiscal. Y a los empresarios ya les dijo, “tráiganme en qué sectores tengo que poner licencias automáticas (de importación).

La segunda reflexión es que contrariamente a lo que muchos pensaban creo que Venezuela no es el destino inmediato de la Argentina. La híper inflación no es el destino inmediato de la Argentina. Y el default abierto de la deuda al estilo (Alberto) Rodríguez Saá a fines de 2001 no es el destino inmediato de la Argentina.

– ¿Por qué está convencido de eso si parecería que se caería en default; y tras el resultado de las PASO se disparó el índice de Riesgo País y forzó que el gobierno de Mauricio Macri decretara el reperfilamiento de la deuda, y hubo que reinstaurar el cepo cambiario, y nada de eso se revirtió, peor aún desde las elecciones de octubre la base monetaria creció en promedio en $450.000 millones?

 No descarto que podamos tener nuevas crisis. Ahora, una híper inflación es 4% de inflación diaria. Eso no lo veo como una cosa inmediata. El default que hizo Rodríguez Saá de alentar el no pago de la deuda, de azuzar al Congreso para que lo apruebe de pie, tampoco lo veo. De hecho, por más que esté reñido contra lo que hay que hacer, Alberto Fernández le ha pegado un zarpazo a las reservas para garantizar el pago de la deuda. O sea, está haciendo todo lo posible para pagar la deuda. Con métodos nada ortodoxos, nada recomendables, pero me parece que Fernández está tratando de evitar un default.

– El nivel de las reservas en el Banco Central es finito. ¿Y después, si no se genera confianza para mover el aparato productivo, para crear riqueza, los próximos pagos con qué recursos cree que contará el Gobierno?

– Lo que digo es que no parecería que es inmediato ese escenario, ya y ahora, que Argentina vaya a Venezuela, vaya a una híper, vaya a un default. En Argentina nunca digas nunca. ¿Pueden ocurrir las tres cosas? Sí, pueden ocurrir las tres cosas. Todo es dinámico. Pero no parece ser que la orientación del Gobierno sea decididamente ir a Venezuela, ir a una híper e ir a un default.

– Perfecto.

– La tercera reflexión, que está vinculada con esto es la posibilidad de estabilizar medianamente la economía. Está muy, muy relacionada a que Alberto Fernández logre mantener esta suerte de congelamiento salarial en el sector público, que no anunció, pero sugirió; que sostenga la caída de los ingresos reales en jubilaciones que implica la suspensión de la movilidad jubilatoria, aunque habrá que ver cuánto de eso es compensado; y la otra cosa que hay que agregar es el paquetazo impositivo y el aumento de subsidios que puede traer el congelamiento de tarifas sobre los servicios públicos.

Más que ajuste fiscal acá creo que hay una especie de ajuste fiscal medio populista, donde parece ser que hay argentinos que no son argentinos, que son los que tienen, a los cuales se los grava para darle a los que no tienen, pero que no me queda claro el efecto neto, pese al aumento de las retenciones sobre las exportaciones. El mayor impuesto a los autos no creo que recaude demasiado. Y sobre el gasto en dólares algo puede recaudar. Pero me parece que no será un paquetazo que realmente traiga mucha recaudación fiscal como para bajar el déficit fiscal total.

– ¿Cree que pese a estimar que no será significativo el impuestazo y la redistribución forzosa de ingresos, va a ser aceptada socialmente? Porque en campaña Alberto Fernández dijo “voy a aumentar las jubilaciones 20%”, y aumentó 20% sólo a la mínima con un bono transitorio, y a las mayores a $19.608 las congeló? Y ya hay muchas provincias que están pidiendo gobernar con “emergencia económica”, que anticipa también un paquetazo impositivo, o al menos discrecionalidad impositiva. ¿Cómo cree que hará para estabilizar la economía y al mismo tiempo volver a crecer?

 No, no, acá no hay ninguna chance de que en el 2020 la Argentina crezca. De ninguna manera. Creo que deberíamos descorchar champagne si se logra que el PBI caiga menos de lo que lo hizo en 2019. No, no, en 2020 la economía va a volver a caer. Eso es lo que generó una duda acerca de cuán sostenible es el esquema que ha lanzado el gobierno de Fernández.

– Sería el tercer año de recesión, y quedaría de cara a la elección de medio término con un antecedente no muy bueno, entonces ¿También cabe esperar un 2021 complicado para el oficialismo?

– Creo que el interrogante de todo está muy alto. A ver, salvo esas 3 calamidades que mencionaba al principio: default mamarrachesco al estilo Rodríguez Saá, aunque no descarto que Argentina defaultee; hiperinflación, que es pasar de 4% de inflación mensual a 4% diario, y Venezuela, yo no lo veo así ya ahora. Ahora, ¿2020 puede ser complicado? Por supuesto puede ser complicado. Porque como hecho favorable a lo mejor tenemos una renegociación de la deuda exitosa, o no, pero el paquetazo impositivo este yo no sé si va a ser fácil que sea digerido por la sociedad. Hay que ver en marzo, abril, porque la Argentina arranca en marzo.

 Acá no hay ninguna chance de que en el 2020 la Argentina crezca. De ninguna manera. Creo que deberíamos descorchar champagne si se logra que el PBI caiga menos de lo que lo hizo en 2019

– Esa va a ser la prueba ácida, cuando se conozcan los nuevos precios de los artículos escolares, el fin o no de los congelamientos iniciales. ¿Cree que es sostenible el congelamiento del precio de los combustibles, por ejemplo?

– No, claramente.

– ¿Pueden volver los apagones, la desinversión en el sector energético?

– Sí. Es una situación muy, muy inestable. Ahora, muy inestable dentro de límites acotados, no es que es inestable y se puede ir a esas tres calamidades así de golpe, no. En 2018 la Argentina tuvo su crisis, 2019 también, y no tuvimos ni híper, ni default abierto ni Venezuela. Más allá de que gobernaba gente más razonable que Fernández.

– ¿Se puede decir que vamos a un camino a repetir la década que termina en cuanto al stop and go, más uno, menos uno, y al final del día termina la economía cayendo más de 10% en una década?

– Sí, si se aplica el modelo de Macri y/o Alberto Fernández a repetición continua 10 años más sin duda que vamos a una década perdida, sí. Bueno, porque eso me remite al primer punto, cuando le decía Alberto Fernández es parte del problema, no de la solución, claramente.

– ¿Ve similitudes entre el arranque de Alberto Fernández respecto de lo que fue Macri? Me refiero, una Jefatura de Gabinete que quiere actuar aparentemente como ministerio coordinador del resto de las carteras?

 En el sentido que optó también por 21 Ministerios, es parecido.

– ¿Y respecto al gradualismo, porque usted dijo que no comenzó atacando los problemas de raíz; y además optó por profundizar la dependencia del Banco Central?

– Le diría que en ese sentido es distinto porque debuta con un paquetazo impositivo a diferencia de Macri que debutó con una baja de impuestos financiando el déficit resultante con deuda. A la larga Macri terminó también con un paquetazo impositivo ¿no? O sea, acá lo interesante de este experimento es que la suba de impuestos no se le niega a nadie. La suba de impuestos la hace Domingo Cavallo en el 95; la hace Fernando De la Rúa cuando asume a comienzos de 2000; la hace Eduardo Duhalde con las retenciones en 2002; la hace Mauricio Macri en el 2018; y la hace Alberto Fernández en 2019. A ninguno se le niega una suba de impuestos acá. Esto es lo grave. Creo que toda esta gente, y se lo digo por haberme asomado en 2019 a la arena política, es parte del problema, no es parte de la solución. Es parte del sistema. Ellos nunca van a tocar el gasto público en serio. Van a hacer una cosa así simbólica, me congelo la dieta 180 días. O sea, se le encaja un paquetazo impositivo al sector privado de 2 puntos del PBI y ellos se congelan la dieta durante 180 días que es 0,000001 del producto.

– ¿Tanta acumulación de suba de impuestos puede derivar en una suerte de rebelión fiscal, como ocurrió en 2008 con la protesta del campo?

– Yo diría que la respuesta la vamos a empezar a tener a partir de marzo y si las provincias ahora que por el derretimiento del pacto fiscal de Macri van con suba en Ingresos Brutos ahí puede ser que tengamos una rebelión fiscal. Es más, a esta altura le diría que la política merecería una rebelión fiscal. Ahí le di un título.

– ¿Ahora, con quién empezaría?

– Los sindicatos.

– ¿Con una nueva legislación laboral?

– Bajar impuestos al trabajo para reducir la economía informal. Sí, podría ser. Creo que deberíamos ayudar a eso, yo se lo compro, con una medida de decir acá tenemos que tener menos municipios y menos provincias para bajar el gasto en la política. Además de echar ñoquis y suprimir Direcciones, Secretarías y Ministerios innecesarios.

– Esa transformación a nivel federal es más compleja…

– Claro, es mucho más compleja.

– Aún el Congreso no fue capaz de discutir una nueva Ley de Coparticipación, como dispuso la Reforma de la Constitución en 1994…

– Porque requiere una reforma de la Constitución, sí.

– ¿Descartado ese escenario, porque es inviable, porque la sociedad no lo entiende, no lo comprende y no lo acepta, dentro de lo posible, cuál es su propuesta?

– Creo que dentro de lo posible hay que ir contra los sindicalistas bajando impuestos al trabajo, e ir contra el empleo público innecesario, los ñoquis, esas son políticas que pueden ser viables.

– ¿Y la apertura de la economía? ¿Es buena? ¿Es mala? ¿O se corre el riesgo de una apertura siempre muy discrecional y nunca efectiva?

– Lamentablemente, todas las aperturas económicas que nosotros hemos hecho han sido mal acompañadas, por eso terminaron mal. Pero si usted mira los ejemplos de apertura económica en el mundo bien hechas todas terminaron bien.

– ¿Qué significaría hacer una apertura económica bien hecha?

– Y, significa que si baja los aranceles de importación tiene que devaluar; tiene que tener un programa fiscal de baja del gasto público para poder bajar impuestos; y una reforma laboral muy profunda. O sea, de nuevo, abrir la economía es atacar al empresariado prebendario. Esa concepción filosófica está todo bien, pero cuando vas a diseñar en concreto la política hay todo un tema de secuencia, de cómo va haciendo las cosas. Creo que hay que devaluar fuerte; en paralelo hacer una fuerte baja del gasto público, o por lo menos de congelamiento, para proponer una baja de impuestos; y, en simultáneo abrir la economía al comercio.

– ¿Cree que de esa forma se podría amortiguar el efecto sobre los precios de la devaluación?

– No, inicialmente va a tener una suba de precios, pero con un fisco equilibrado, bajando el gasto público, se asegura que no haya espiralización. La espiralización de los precios siempre viene por un Estado que no tiene el presupuesto equilibrado.

 

(Infobae)