Candidatos hablaron de turismo en la ciudad donde sopla el viento y la luz se corta

OBERA. Se llevó a cabo una exposición (debate) sobre desarrollo turístico en la Facultad de Ingeniería el jueves por la mañana. En la ocasión, candidatos a intendente y concejales de 13 sublemas hablaron de sus propuestas. Se escucharon reclamos de emprendedores ligados al sector que aseguraban, cuando llueve, quedan aislados y los turistas no pueden llegar por el mal estado de las calles, aún en zona urbana.

 

La convocatoria despierta las risas para muchos considerando que sopla un viento y la ciudad queda a oscuras (más aún de lo poco que iluminan las penosas farolas públicas en las calles habitualmente).

-Los hoteleros deben explicarle a los visitantes por qué algo llamado “Emsa” o “Celo” por tareas de “mantenimiento” dejan 7 horas sin electricidad un domingo (cosa reiterada). El turista no puede cargar celulares, no puede darse una ducha de agua caliente (tampoco tendrán agua porque dependen de bombas eléctricas), no puede encender la notebook, la tv, etc, y si salen a buscar un chocolate, encontrarán que hasta el local de la cadena Bonafide no logró sobrevivir en la “ciudad turística”. Peor aún un día de semana, después de las 12 del mediodía, Oberá se convierte en pueblo fantasma, no hay un alma en las calles y al rato tampoco donde comprar comida. En la noche, la vida nocturna es inexistente, poco y nada hay para hacer se quejan los visitantes.

-Los obereños han llegado a naturalizar que la energía se corte porque hace calor, frío, llueve, llovizna, hay viento, tormenta solar, el dólar subió o simplemente la 132 Kv tuvo una falla; pero de más está decir que esto NO ES NORMAL y los visitantes se van sorprendidos (también aquel ha ido y conocido más allá de los límites provinciales), además de molestos, cuando conocen esta realidad local y la tiene que padecer.

-A eso se suma que una ciudad para ser turística debe poder entretener más de 20 minutos a los visitantes. Los lugareños se quejan a diario que “en Oberá no hay nada para hacer”, con excepción del casino. El turismo urbano no es explotable porque se carecen de centros comerciales, shopping, museos, centros culturales, paseos, peatonales y el centro (sector comercial y de paseo) son cuatro cuadras a la redonda.

-El Parque de las Naciones siempre tiene las casas cerradas, es una vuelta de 20 minutos, el museo ayuda otros 20. El olor a comida más cercano proviene del carrito de hamburguesas ubicado en la ruta. Las colectividades se manejan como clubes de barrio: abren cuando pueden, tienen ganas, están de humor y no tienen nada para hacer, no son profesionales y rechazan concesionarlas a emprendedores que puedan explotarlas realmente. En las ciudades turísticas, la atención es profesional porque si el visitante no es bien tratado, se va y no vuelve.

-El parque termal, donde el Estado ha puesto más de 15 millones de pesos durante la gestión anterior (parte que no se sabe a dónde fue), es deficitario (recauda 800 mil pesos en entradas pero cuesta 4 millones mantenerlo abierto: rendición de 2017), durante el fin de semana más largo del año: Semana Santa, apenas logró 800 visitantes, algunos de la zona, mientras que Cataratas alcanzó las 40 mil personas, muchas que llegaron en autos o buses pasando por frente a la Termas de la Selva.

-Requiere de mucha infraestructura para poder competir con sus pares entrerrianas que están en el camino (13 en total) y con sus pares brasileñas, donde el turismo termal se explota de manera seria, no precaria. Años de problemas con las bombas han hecho que el prestigio de las “termas de la Selva” fuera de un emprendimiento inestable, producto que no es confiable para grandes agencias de turismo a nivel nacional. El Berrondo, fuera de temporada es otra vuelta de 15 minutos para la foto y terminó. El Jardín de los Pájaros viene logrando indignar a más de un visitante, en estos tiempos de cambio de paradigma, al tener aves encerradas y en pequeñas jaulas. Algunos proponen su cierre definitivo. El resto de los saltos y cascadas de la zona sirven solo durante el verano, aunque los accesos terrados los complican. La Ruta del Té fue un intento de emular la Ruta del Vino en Mendoza, con la diferencia que la provincia cuyana, se toma el metro-ligero y a 15 minutos en bicicleta se pueden recorrer múltiples bodegas y degustar. En Oberá solo una empresa logró sostener la iniciativa, el transporte público hasta el lugar es una línea de colectivos cada dos horas que a veces no pasa.

-Aquellos que hablan de “Oberá ciudad turística” deberían pegarse una vuelta por lugares que realmente lo son. A 500 km de Oberá, en un lugar llamado Gramado se dieron cuanta que no basta con gastronomía suizo-alemán y bella arquitectura alegórica con un paseo comercial pintoresco; para hacer que los turistas lleguen, retenerlos varios días gastando y que luego vuelvan en otra ocasión; debieron invertir en una decena de parques temáticos y museos, entre estos hasta una pista para esquiar artificial. Al salto Caracol, le agregaron un teleférico de múltiples cabinas con un centro comercial en una de las estaciones, moderno e impecable.

-Paralelamente en Aristóbulo del Valle, durante la gestión de Maurice Closs, entre 2012 y 2015 se gastaron más de 10 millones de pesos en un teleférico que no existió. Las columnas metálicas continúan oxidándose en los entremos dentro del monte frente a Salto Encantado, un atractivo que a los 10 minutos no ofrece nada más. En los Saltos del Moconá, durante la misma gestión, en 2014, se colocaron pasarelas, importante inversión salida de las arcas provinciales. Las lluvias se la llevaron el mismo año y hasta hoy no las repusieron, solo ofrece 15 minutos en lancha y terminó. Es en este contexto de corrupción, improvisación, falta de profesionalismo y escasa seriedad; que se habla de turismo.

Gabriel Eduardo Jacquemín, Infóber digital