«El desempeño de alumnos misioneros está entre los cuatro peores del país»

MISIONES. En marzo pasado, se dieron a conocer los resultados de las pruebas Aprender. Según el informe, la provincia había avanzado tanto en lengua como en matemática en los alumnos de sexto grado. El análisis en cuánto las provincias que mejoraron o empeoraron con respecto a pruebas anteriores, Misiones sobresalió con 14,3 puntos más que en 2016, la que más avanzó en lengua seguido de Tierra del Fuego (13,8) y La Rioja (12,5), pero además fue de las pocas que creció en matemática y lo hizo significativamente: escaló 7,1 puntos. La sucedieron Salta (4,4) y Chubut (3,3).

Sin embargo, «el desempeño de los alumnos misioneros de los niveles primario y secundario, tanto en matemática como en lengua o ciencias sociales, se encuentra entre los cuatro peores del país» afirmó Humberto Schiavoni, Senador Nacional y candidato a gobernador.

«Si tomamos como ejemplo los resultados de los estudiantes de 5° año del secundario veremos que sólo un 18% de los evaluados en matemática alcanzó un nivel satisfactorio. En el promedio del país los calificados satisfactoriamente superaron el 31 por ciento. Y eso no es responsabilidad de nuestros docentes, que hacen lo que pueden con lo que tienen, y mucho menos de los chicos».

«La educación nos iguala y nos incluye, nos da oportunidades de elegir qué camino queremos seguir para crecer, progresar en la vida y trabajar de lo que nos gusta. Vivimos en la era de los cambios acelerados: cambió la manera de pedir comida desde casa, de
hacer trámites, de comunicarnos entre nosotros, y también cambian las maneras de producir. Aparecen nuevas industrias como la robótica, la programación o la biotecnología, y desde la educación tenemos que preparar mejor a los chicos para ese futuro».

«En pocos años existirán empleos que aún no conocemos. Y algo fundamental: tenemos que transformar la formación, capacitación,
evaluación y calificación docente. El régimen que está vigente hoy en Misiones es arcaico y pasible de arbitrariedades, discriminaciones y
ausencia de incentivos para la capacitación de los educadores».

«Necesitamos que nuestros docentes tengan todas las herramientas para brindar una enseñanza del siglo XXI, acompañanda por sueldos mucho más altos, para que el docente ocupe el lugar que merece, que esté a la altura del enorme laburo que llevan adelante.
Tenemos que crear una verdadera carrera docente, que contemple la realización de concursos transparentes para que los asensos sean
realmente gracias al mérito, y no gracias a amistades políticas.
La Junta de Clasificación y Disciplina que hoy existe debe ser separada en dos juntas porque la clasificación y la disciplina son capítulos diferentes. Además, es necesario dotar de parámetros explícitos y transparentes a la integración de juntas en distintos niveles: inicial, primario y secundario.
Los alumnos no pueden ser rehenes de prácticas inadmisibles en los procesos de formación y calificación docente, como ocurre con las
famosas “titularizaciones masivas”, que derivan en absurdos tales como que colegios aún sin inaugurar ya cuentan con un director. La
ponderación debe hacerse teniendo en cuenta los antecedentes en el desempeño de la función y la capacitación académica.
Con una amplia reestructuración de estos procesos vamos a poder garantizar mecanismos adecuados para asegurar que nuestros alumnos reciban una educación de calidad que los prepare para afrontar los desafíos de la vida y del trabajo en un mundo cada vez más dinámico.
Para que el nivel secundario pueda mirar con optimismo a la tercera década del milenio es necesario incentivar tareas en proyectos interdisciplinarios, definir horas curriculares mínimas y disponer de prácticas educativas para dotar a los alumnos de experiencias laborales previas, así como aprendizajes en el emprendedorismo.
El Gobierno Nacional le ha asignado un protagonismo esencial a las políticas educativas. El Presupuesto 2019 para este segmento duplicó al del 2015. Y se trazó un plan que contempla la construcción de establecimientos necesarios para escolarizar a los chicos desde los 3 años en todo el país, a partir de la construcción de 10.000 salas para ese nivel.
Pero en Misiones estamos en deuda. Es posible mejorar los niveles de aprendizaje de nuestros alumnos y también es necesario reorientar los mecanismos de formación con sentido estratégico. La verdadera inclusión se centra en la posibilidad del acceso al
conocimiento. La educación es un motor del desarrollo y con esa orientación nos comprometemos a gestionar» señaló.