OBERA. En la segunda ciudad de la provincia, siendo cabecera de un área de 300 mil habitantes, cuando se tiene una emergencia de salud pasada las 20 horas y hasta el amanecer, no hay dónde caer más que en el hospital Samic.
Todas las clínicas de la ciudad carecen de guardia médica activa, durante la noche, por más costosa que sea la obra social que el afiliado abona todos los meses, ante una indeseable necesidad de recurrir a una sala de emergencia, se debe hacer cola en el hospital porque los sanatorios privados no disponen de un galeno en la guardia, solamente enfermeras.
Cuando un paciente llega a estos centros de salud, tiene la opción de esperar al médico que está en guardia pasiva (o sea en la casa y posiblemente durmiendo) para que lo atienda o dirigirse al único nosocomio público, donde personas con diversas patologías tanto de la localidad como de las vecinas llegan para atenderse desde un dolor de estómago hasta un motociclista con la cabeza rota, saturando la sala y bajo una atención que despierta permanentes quejas.
Cabe recordar que la ciudad es gobernada por un médico que además es copropietario de una clínica privada. El presidente del Concejo Deliberante también es un profesional de la salud, el gobernador que ni hace falta mencionar, es obereño aunque poco haga por la ciudad.
Al respecto, desde uno de los policlínicos argumentaron que le es imposible pagar un médico de guardia activa durante las noches. «Las obras sociales vienen pagando cuatro meses atrasados, hay otras que no pagaron Julio todavía, IPS paga una miseria, apenas 150 pesos por consulta y tenemos que hacer como los supermercados, atender rápido y muchos para que nos rinda pero no le podemos cortar porque es la obra social más importante, con más afiliados de la provincia» relató un conocido médico que prefirió preservar su identidad por obvias razones.
Además precisó que existe un egoísmo entre los sanatorios locales que no se unen para pelearle mejores valores a las obras sociales, como si lo han hecho en Posadas conformando IAMIP-Medisur.
«Si cada clínica va sola a reclamar, le sacan y le dan a otra, es peor porque nos quedamos sin esa entrada aunque sea poca» contó.
Detalló que con IPS se puede cubrir algunos costos de lo que sale la estadía de un paciente, pero no se cubre todo, el sanatorio termina a veces financiando a las obras sociales que usan la plata de los afiliados y lo que reciben de la Superintendencia todos los meses, para hacer caja política, tal es el caso de ACTIM que ha llegado a deber con 6 meses de atraso.
«Vemos que IPS gasta la plata en turismo y otras cosas, pero a nosotros nos dicen que no hay plata, no compran ni un tensiómetro pero para otras cosas si» y mencionó que cuando se le hace este planteo al titular del Instituto de Previsión Social, Carlos Arce, éste responde que la parte económica la maneja el Ministerio de Hacienda.
El caso Nercolini
¿Cómo es que mientras todas las clínicas se están fundiendo, Nercolini crece?
El Instituto Nercolini está terminando su tercer edificio, renta parte de un cuarto donde funciona la obra social, tiene fialiales y farmacias en varias ciudades.
Aseguran que encontró la mina de oro con Euros City Salud. En lugar de negociar con las obras sociales que pagan cuando quieren, adquirió un sello: «Ceramistas». De esta manera, comenzó a sumar afiliados en muchos puntos del país y recibe fondos mensuales directos de la Superintendencia de Servicios de Salud dependiente de Nación.
«Las clínicas chicas no podemos acceder a eso, si nos uniéramos podríamos ir a gerenciar con las grandes obras sociales en Buenos Aires, pero acá enseguida empiezan las peleas y los celos, la situación es delicada, nunca estuvo así».
De esta forma, el ciudadano en la Argentina y en particular en la Zona Centro paga dos veces por recibir un mal servicio de salud. Mediante impuestos mantienen el hospital público y como afiliado las obras sociales, pero cuando llega el crepúsculo, es mejor que no se enferme.
