Un 26 de abril, pero del año 2006, el por entonces presidente Néstor Kirchner presentaba uno de los proyectos más faraónicos y utópicos de la década kirchnerista: el “Tren de Alta Velocidad en Argentina” (TAVE), más conocido como el tren bala argentino que uniría en un viaje menor a tres horas las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. Los 12 años de gobierno k terminaron dejando al sistema ferroviario argentino sin reactivar casi tan atrasado como cuando llegaron.
El tren bala iba a permitir unir las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba en un lapso no mayor a tres horas: la idea era que el tren partiera desde la estación Retiro, viaje a Rosario en 85 minutos, y en 90 minutos uniera las ciudades de Rosario y Córdoba.

La velocidad máxima se estimó en 320 km/h en los tramos que lo permitan; no más de 160 km/h en los accesos a Buenos Aires, Rosario y Córdoba. El tren bala hubiera significado dotar a la Argentina de trenes capaces de alcanzar velocidades máximas de 320 km/h en un recorrido total de 710 km
La promesa de CFK
El 29 de abril de 2008, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner firmó el contrato del proyecto del TAVE, que emplearía tecnología francesa (Alstom). El 16 de enero de ese año, CFK firmó el decreto por el cual se adjudicó al consorcio francés Veloxia las obras de construcción.

La obra se calculó con un plazo de ejecución de 4 años y un coste aproximado de 4.000 millones de dólares, incluyendo la financiación. La Presidenta consideraba el proyecto como “un salto a la modernidad y una cuestión estratégica” y su entusiasmo la hizo afirmar que la construcción comenzaría en 60 días.
“No es sólo una obra pública con altísima tecnología, sino que estamos dando un salto importante hacia una Argentina diferente que viene a completar un desarrollo y articulación en materia vial para el país”, había declarado la Presidenta ese día por Cadena Nacional.
Además, la obra también estipulaba la construcción y/o remodelación de nuevas entacionesen el recorrido: en Retiro, en San Nicolás de los Arroyos, en Rosario Oeste, en Marcos Juárez, en Bell Ville, en Villa María y en Córdoba, incluyendo las instalaciones de mantenimiento en Patio Sorrento, ubicadas en Rosario.

Se esperaba que durante las obras se generarán unos 5000 puestos de trabajo directos y 20.000 indirectos.
Final del sueño
En 2012, cuando en teoría el tren ya tendría que haber estado en marcha pero que la realidad marcaba que ni siquiera se había puesto un andén, el por entonces ministro de Transporte y precadidato presidencial fallido, Florencio Randazzo, sepultó toda posibilidad y afirmó que el proyecto estaba archivado.
“Me conformaría con que tengamos un tren a Rosario, con una vía que sea segura, con un tren que sea realmente digno, confortable, que tengamos un servicio que llegue en tres horas y media, y un tren de la misma forma a Mar del Plata”, había declarado Randazzo a FM Vorterixcuando le preguntaron por el famoso tren bala. “Hay que ir paso a paso, muchas veces lo ideal es enemigo de lo posible”, sostuvo mientras dejaba en el olvido al TAVE.

Por su parte, en 2014 la empresa Alstom, que iba a construir un tren bala, reconoció el pago de coimas y el gobierno de Estados Unidos le colocó una multa récord de US$ 772,29 millones al grupo energético, acusado de corrupción en varios países.
Según había trascendido, el consorcio liderado por Alstom había ofrecido financiar el 80 por ciento a través del área de inversión del banco Societé Générale a 5,2 por ciento anual y un plazo de 16 años.

Jaime, rumbo a Comodoro Py, para declarar en la causa judicial por el tren bala.
Jaime
Horas después del anuncio, Ricardo Jaime aseguró que las obras como el tren bala significaban «pensar en el futuro» y tenían como objetivo «subir el nivel tecnológico» del país.
«Cuando asumimos en 2003, lo hicimos en plena crisis emergencia ferroviaria. Nos ha costado recuperarnos: no se compraba material ni se hacía absolutamente nada. Hubo cincuenta años de decadencia, en los que no se invirtió en nada. Esto es pensar en el futuro», señaló el funcionario.
