A 10 años de la desaparición de Mario Golemba

OBERA. Convertido en efemérides, cada año este día se recuerda uno más de impunidad y ya suma una década. El 27 de marzo de 2008, Mario Golemba salió de Picada Indumar en dirección a Oberá para una consulta médica. Subió a un colectivo de media distancia a las 7.10 y llegó a destino sin problemas. A las 13.05 dijo que iba a volver en el micro de la tarde. Nunca volvió.

Meses después dos testigos aseguraron -con testimonios convalidados por los padres de Mario- haber visto a Mario esposado y siendo golpeado en la comisaría de Dos de Mayo la misma noche que se denunció su desaparición.

El caso judicial tuvo diversos ribetes pero siempre primó la negligencia y la impunidad. Políticamente, el gobierno provincial -entonces y ahora el Frente Renovador- hizo todo o posible para encubrir a la policía, desgastar a la familia y garantizar la impunidad. La jueza que tuvo años la causa en sus manos, Alba Kunzmann de Gauchat, del Juzgado de Instrucción de Oberá, nunca mostró voluntad de resolver el caso y es también figura estelar en esta trama de complicidades.
El comisario que tenía a su cargo la comisaría de Dos de Mayo en la noche de la desaparición de Mario Golemba, Ewaldo Katz, lejos de ser interpelado por la Justicia y el poder político, fue premiado con un ascenso que lo llevó a ser el jefe de la Unidad Regional de San Vicente. El resto de los policías que actuaron esa noche, también recibieron la protección política del traslado, bendición ordenada por el entonces ministro de Gobierno y actual diputado nacional Jorge Franco.

Antonio Golemba, padre de Mario falleció en abril de 2016 tras entregar sus últimos años una activa militancia en la búsqueda de su hijo. “Esta vez faltan dos en nuestra mesa, Mario y papá. Mamá está conmigo aquí en Resistencia, no queremos exponerla a más dolor, no queremos que termine como papá, a quien la impunidad y las mentiras de los políticos fueron agotando y enfermando. Nunca se investigó como es debido. Recuerdo que papá se acercó al entonces gobernador Maurice Closs cuando vino a inaugurar algo en Dos de Mayo. Closs le dijo quédese tranquilo Antonio que estamos investigando. Todo era mentira” le dijo Eliezer Golemba a Superficie en contacto telefónico desde Chaco.

Irma Komka de Golemba, madre de Mario, apuntó a “los malvivientes que destruyeron nuestras vidas” y sostuvo que “Deben saber que no sólo nos quitaron a Mario, ahora también a Antonio, quien luego de tanto dolor, su vida se le fue apagando lentamente y no pudo resistir una angustia tan grande, sentimiento que sólo aquel que lo experimenta, puede saber a qué estoy haciendo referencia. Después de estos años llegué a hacerme una pregunta: ¿son seres humanos los que actúan con tanta crueldad sin causa alguna? Ante tanta desazón al no encontrar las respuestas necesarias estoy muy agobiada, triste por perder a mi hijo y ahora a mi esposo, mi leal compañero de lucha. Pero deben saber que con mi familia –o lo que me queda de ella- seguiremos luchando, ¡ahora con más fuerza! Aunque el dolor sea más grande aún, no vamos a bajar los brazos hasta saber la completa verdad, para que ustedes, los que llegaron a nuestras vidas para destruirlas, paguen; así también los que colaboraron para que el caso quede impune -como se hizo y se hace con tantos otros casos- tengan que dar cuenta, pues son cómplices de todo lo que ha sucedido”.

El caso Golemba, desaparecido en democracia, averguenza a la provincia, y la sitúa como uno de los distritos donde las violaciones a los derechos humanos y la negligencia judicial son alarmantes obstáculos para una democracia que sangra.

Por Sergio Alvez (Director Agencia de Noticias ATE Misiones y Revista Superficie)