VIENA. Lassina Zerbo, Secretario Ejecutivo de la CTBTO «Comprehensive Nuclear-Test-Ban Treaty Organization» ( Organización del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares), cuya sede se encuentra en Austria, explica como fue el proceso para determinar el ruido captado por los hidrófonos consistentes con una explosión que serían del ARA San Juan. Este jueves el informe fue entregado al gobierno argentino.
«Un volumen enorme de datos fueron examinados para obtener claves del submarino perdido. Miles de señales posibles y sonidos tuvieron que ser examinados–nuevos algoritmos y enfoques fueron desarollados para descartar ruidos naturales y industriales para encontrar esta señal».
«Nuestra red hidroacústica detectó una señal inusual cerca de la última posición conocida del submarino argentino SanJuan.La señal de un evento impulsivo debajo del agua fue detectado 15 nov 13:51 GMT, Lat -46.12 °; Long: -59.69 °. Datos compartidos con autoridades argentinas».
Este jueves, el vocero de la Armada, Enrique Balbi, informó respecto a la desaparición del submarino ARA San Juan, que desde Austria confirmaron lo reportado por el gobierno nortemericano, sobre un “un evento consistente con una explosión” registrado por una hidrófono en el océano el miércoles 15 a las 10,51 horas a 430 kilómetros del punto más cercano de la costa del Golfo San Jorge, en un radio de 125 kilómetros, cerca del talud cuyas profundidad, va desde los 200 metros hasta 3.000 metros.
Ayer, tras el comunicado de la Armada, se elaboraron teorías diversas y hasta delirantes en los medios de comunicación sobre la tecnología que detectó el «ruido». Entre otras cosas, a lo Holliwood, se afirmó sobre una máquina norteamericana capaz de volver al pasado y escuchar lo que pasó con el submarino. Otro afirmaba que desde los satelites «escuchan todo» y por eso disponía de esta información que no la querían revelar por ser secreto de Estado, sensible para la seguridad nacional de ese país. En realidad es tecnología que comenzó hace más de 60 años.
Este jueves llegó la información coincidente de la Organización del Tratado de Prohibición Total de Pruebas Nucleares, con sede en Viena, que cuenta con una red de estaciones acústicas en el océano para verificar la no realización de ensayos nucleares.
la detección ocurrió con tres micrófonos identificados como H10N, H10S y H04S, ubicados en estaciones de monitoreo de la isla Ascención (en medio del Atlántico Sur) y en la isla Crozet (al sudeste de África).

¿Cómo funciona esta red de sensores?
Con la intención de detectar los movimientos de los submarinos nucleares soviéticos y recién terminada la Segunda Guerra Mundial, la marina de EEUU impulsó en 1949 el proyecto que a partir de 1952 se denominaría SOSUS (SOund SUrveillance System), y que empezó a dar frutos en 1961.
Este sistema consistía en cables submarinos de gran longitud instalados directamente sobre el lecho oceánico, y a los que están conectados hidrófonos de gran calidad, lo que también se conoce como sónar pasivo. Los cables tienen su origen en estaciones situadas en el continente, donde se tratan los datos obtenidos. Dado que los sonidos se transmiten en el agua a mayores distancias que en el aire y con menor atenuación, se podía aprovechar esta propiedad con el objetivo de crear una red mundial de hidrófonos que cubriera las zonas que podían estar transitadas por barcos enemigos, y especialmente por submarinos soviéticos. La sensibilidad de los hidrófonos era capaz de detectar sonidos de una potencia de unos pocos vatios a una distancia de entre 500 y 700 Km, dependiendo de la frecuencia y amplitud del sonido, así como de otros factores como el ruido, la temperatura del agua, etc.
Cuando la Guerra Fría terminó, la Armada norteamericana cedió el uso de este sistema a la NOAA –National Oceanic and Atmospheric Administration– para su empleo en la investigación oceanográfica.


