100 años de la Revolución Bolchevique, sin acto oficial ante el temor de «contagios» en una Rusia dividida

RUSIA. Los comunistas rusos comenzaron el martes una marcha por el centro de Moscú para conmemorar el centenario de la Revolución Bolchevique. Pero la Revolución Rusa había comenzado mucho antes, en febrero de ese año (marzo en el calendario juliano) cuando miles de manifestantes furiosos por la escasez de comida invadieron Petrogrado. Estos grupos, compuestos sobre todo por mujeres y obreros, se extendieron rápidamente hasta la huelga general del 25 de febrero, sumada las derrotas militares de Rusia en la Primera Guerra Mundial, derivó en la abdicación del zar Nicolás II (dinastía Romanov), creándose un gobierno provisional presidido por Alexander Kerenski, con el apoyo de sectores obreros y la burguesía que veía al capitalismo norteamericano con buenos ojos, sinónimo en aquel momento de progreso frente a una Rusia atrasada, casi medieval. Pero con el correr de los meses, promesas anunciadas como la redistribución de las tierras que no se concretaban y una fuerte crisis políticas, fueron capitalizadas por los sectores más radicalizados de la revolución.

Vladimir Ilich Lenin, líder del movimiento bolchevique, llevaba más de una década en el exilio. Volvió a Rusia con la ayuda de Alemania, en guerra contra el imperio zarista. Pero se vio obligado a exiliarse de nuevo en julio, esta vez en Finlandia, cuando el partido bolchevique fue declarado ilegal por el nuevo gobierno.

Leon Trotski, presidente del «Comité militar revolucionario» lo había preparado, asumiendo así el papel de jefe militar cuya primera decisión fue negociar una «paz inmediata» con Alemania y con el imperio austrohúngaro.

En 25 de octubre (calendario juliano ortodoxo), 7 de noviembre (calendario gregoriano católico) por la noche, el crucero «Aurora», anclado en el río Neva y con la tripulación amotinada, disparó contra el Palacio de Invierno de Petrogrado (antiguo San Petersburgo), lo que dio comienzo al asalto.

Los marinos y los soldados dirigidos por Trotski se encontraron en el Palacio de Invierno con una guardia desamparada, compuesta por unos mil soldados, cosacos, cadetes y mujeres voluntarias. Alexander Kerenski logró huir e intentó organizar una resistencia abocada al fracaso. El poder cambió de manos.

Lenin y Trotski establecieron los «sóviets», «consejos» revolucionarios en manos de sus camaradas bolcheviques.

 

En la época soviética se llamó Leningrado y tras la caída de la URSS en 1991 volvió a su nombre inicial de San Petersburgo.

El 27 de octubre, Lenin formó un consejo de los comisarios del pueblo únicamente compuesto por bolcheviques, entre ellos Joseph Stalin y Leon Trotski.

Lenin se negó a integrar a la izquierda moderada y en las primeras semanas en el poder se creó una policía política (La Checa). Miles de «enemigos del pueblo» acabaron en prisión o ejecutados.

Nicolás II fue ejecutado por orden de los bolcheviques junto con su familia en julio de 1918 en Ekaterimburgo (Los Urales), adonde los Romanov habían sido trasladados.

Los bolcheviques instalaron la «dictadura del proletariado», ganaron la guerra civil y en 1922 fundaron la Unión Soviética.

 

Cien años después

El acto concluyó en la Plaza de la Revolución, cercana al Kremlin (edificios cívicos) y la plaza Roja y donde se encuentra la estatua de Karl Marx, con un mitin.

El evento es uno de los pocos actos que recuerdan en la capital rusa la Revolución de Octubre, un hecho que cambió el rumbo de la historia contemporánea.

El gobierno se ha mantenido al margen de esta efeméride y no organizó nada oficial para celebrarlo, ante el temor de «ensalzar» un hecho histórico que supuso un cambio de régimen, además de para evitar polarizaciones en una sociedad dividida en torno a la fecha.

 

 

Las turbulencias de octubre siguen proyectándose sobre la Rusia actual y actúan sobre todo a modo de alarma preventiva para sus dirigentes, obsesionados por evitar eventuales “contagios” de otras “revoluciones” ya sea el Maidán (2013-2014) de Ucrania o las turbulencias del norte de África.

El sistema desarrollado por Vladímir Putin desde su llegada al poder en 2000 reacciona con anticipación ante cualquier indicio (ilusorio o real) de pérdida de control. Ejemplo de ello son los pretextos, no fundamentados en la legislación, que las autoridades municipales en Moscú y otras ciudades esgrimen para prohibir el derecho a manifestarse a activistas de oposición. El 5 de noviembre varios centenares de personas fueron detenidas en diversas localidades rusas por salir a la calle en respuesta a la convocatoria de Viacheslav Maltsev, fundador de un movimiento llamado Artpodgotovka (declarado extremista a fines de octubre), quien había pronosticado una “revolución” para ese día. Entre los detenidos hay seguidores del político Alexéi Navalni.

Rusia no ha desmontado aún toda la herencia de la URSS. Los cadáveres de Lenin y de otros padres fundadores siguen en la plaza Roja (frente a los restaurantes y boutiques de lujo) y los hábitos arraigados en el periodo soviético son más persistentes de lo que imaginaban quienes quisieron hacer borrón y cuenta nueva en 1991.

El coronel Putin trabajó en el Comité de Seguridad del Estado de la URSS (KGB) y en el espionaje en Alemania del Este, donde se encontraba cuando cayó el muro de Berlín. La forma de pensar y actuar de Putin está marcada por su formación en los servicios secretos y muchos de los políticos y funcionarios que lo rodean proceden de la misma cantera, lo que hace que estos sectores tengan un peso dominante en la Administración del Estado. La gran diferencia con la época soviética es que entonces los servicios de seguridad se sometían a la ideología, línea y control del Partido Comunista y ahora son los servicios los que dan el tono y gozan de una privilegiada situación frente a otras instituciones.

El próximo marzo habrá elecciones presidenciales y todo parece indicar que Putin se apresta a revalidar su puesto por seis años más. En su mandato ha habido diferentes épocas y, según la narrativa oficial, Rusia, abierta de par en par al mundo, se habría decepcionado de los hipócritas países occidentales que trataban de sacar ventaja del fin de la Guerra Fría. Desde 2014, debido a la política en Ucrania, las relaciones con Occidente se han deteriorado aún más. Las sanciones y contrasanciones resultantes y el clima de desconfianza han producido nuevas barreras económicas, políticas y psicológicas. En la narrativa oficial, las sanciones estimulan y movilizan a Rusia. En la realidad, el nivel de vida de los rusos se ha deteriorado, la integración de Crimea en el tejido estatal y los gastos militares se realizan a costa de las inversiones en servicios sociales, sanidad y educación. El presupuesto ruso sigue dependiendo de los hidrocarburos y las reformas económicas de calado no se han realizado.

Con Putin, la gestión del Estado se ha transformado en una vertical dirigida desde el centro. Formalmente existen tres ramas del poder independientes que interactúan entre sí; En la práctica, el sistema es piramidal y se dirige desde la Administración presidencial (como antaño se dirigía desde el aparato del Comité Central del PCUS) donde se decide la política que se ejecuta en el parlamento, en las regiones y también en los tribunales cuando de asuntos importantes se trata.

La Duma Estatal (cámara baja del Parlamento de 450 escaños) está dominada por Rusia Unida, y las otras fuerzas políticas se adaptan a la línea del Kremlin. El Partido Comunista de Rusia (PCFR), con 42 diputados es el segundo en la Duma y tenía 162.000 miembros a principios de este año. “Lenin, Stalin, Victoria”, “Nuestra patria es la revolución”, “La URSS es nuestro orgullo y gloria” y “1917-2017: Continuará” son algunas de las consignas que el PCFR ha aprobado para el centenario, además de otras contra “la dictadura de los oligarcas y los funcionarios”, el “aumento de tarifas comunales”, la “corrupción y arbitrariedad” y a favor de un sistema de impuestos progresivos. Los líderes comunistas de hoy son críticos con la política social y económica del Kremlin, pero no son revolucionarios, sino más bien burócratas, nacionalistas y tradicionalistas. Además, apoyan la política exterior de Putin y acogieron con entusiasmo la anexión de Crimea.

En un acto dedicado a 1917, celebrado recientemente en la Duma, el líder comunista Guennadi Ziuganov consideró que son necesarias decisiones que permitan evitar la revolución, aseguró que “el capitalismo no podrá resolver ninguno de los problemas sociales” y puso a China como ejemplo de país que está reduciendo sus diferencias sociales.

revolución bolc

 

Vladimir Ilich Lenin, líder ruso bolchevique, el 25 de Mayo de 1919 en la Plaza Roja durante el desfile del Vsevobuch, el programa militar obligatorio de entrenamiento que debían realizar los hombres de la rusa comunista.