CAMPO RAMON. Durante años, la bajada de línea del gobierno a los docentes fue que pasen de año, aunque no califiquen correctamente ni hayan logrado cumplir con el programa.
Incluso, la docente obereña Zulma Araujo fue sancionada en 2015 por el Consejo General de Educación tras expresar críticas a la flexibilización de los criterios de evaluación a alumnos. «El sistema escolar quiere que apruebes; yo quiero que aprendas”, fue la frase que compartió Araujo en Facebook.
Esto para reducir los índices de repitencia (así no quedar tan mal en los ranking internacionales) y supuestamente siguiendo conceptos «inclusivos», pues los repetidores tienden a la deserción escolar y la «estimatización».
Como consecuencia de estas políticas, hay alumnos que incluso salen de la primaria sin haber aprendido incluso a leer y escribir. Pero además, en la provincia donde la Renovación se jacta de tener una escuela robótica (cuya titular es la candidata a diputada nacional), la única pública del mundo y la primera del país; en ese mismo contexto los niños de Colonia Mandarina, a 18 km del Oberá, ni siquiera cuentan con luz ni agua para recibir clases (no son la única en esas condiciones del interior), y salen de la primaria no sabiendo lo básico.
Ante este escándalo, las autoridades educativas dispusieron el relevo de dos docentes del aula satélite que funciona desde hace quince años en el área rural.
La medida fue impulsada por un grupo de padres de estudiantes del aula que funciona en Colonia Mandarina y depende de la escuela 472 de la localidad de Campo Ramón, trámite que fue acompañado por el intendente José Luis Márquez Da Silva, informa la agencia DyN.
De acuerdo con declaraciones del alcalde, fue abordado por vecinos de Colonia Mandarina que relataron sus quejas porque el aula satélite «no tenía agua, ni luz; tenían un baño tipo letrina que ya se estaba por caer, entre otras cosas» y se sinceró: «Yo no creía».
«Me dijeron que los chicos de cuarto y quinto grado ni siquiera saben el abecedario; que los docentes venían a leer el diario, a tejer y no a enseñar como deberían», señaló Márquez Da Silva, uno de los 75 intendentes del oficialista Frente Renovador de la Concordia.
El diario El Territorio publicó que a raíz de la situación planteada, intervino la Supervisión de Zona del Consejo General de Educación (CGE), con sede en Oberá, desplazó del aula satélite al matrimonio de docentes que se encontraba a cargo de los distintos cursos desde hacía quince años.
Al respecto, la directora de Enseñanza Nivel Primario del mismo organismo, Dora Gallardo, dijo que «a través de Supervisión hemos tenido conocimiento de algunas situaciones planteadas por los padres y hemos hecho las actuaciones correspondientes. El aula satélite está funcionando con total normalidad».
De acuerdo con la primera evaluación realizada por la docente designada, se detectaron serias falencias en la enseñanza y en el aprendizaje entre los 18 alumnos de entre 9 y 12 años que asisten a dicho centro, con posibilidades de que la cantidad se incremente a 30 en los próximos días.
La misma publicación citó declaraciones de Nelson Pagel, padre de uno de los alumnos del aula satélite, que dio a conocer los antecedentes de la obra que fue apadrinada desde Buenos Aires y «con varios padres ayudamos a construir esto porque era para el bien de nuestros hijos», dijo.
Pero «designaron maestros que no tenían ganas de trabajar. Venían y dormían la siesta en el auto. La maestra después tejía y el marido leía el diario. Por eso mis hijos no aprendieron nada», expresó el vecino de Colonia Mandarina al detallar los inconvenientes que generaron las quejas.
En tanto Luis Matozo, padre de nueve hijos de los cuales cinco cursaron estudios en el aula satélite, además de sus sobrinos, dijo que uno de sus chicos que «tiene 10 años y va a cuarto grado, no sabe el abecedario ni dividir».
«Tengo un sobrino que terminó séptimo y está de novio, pero no le puede mandar ni un mensaje a la novia porque no sabe escribir», relató.
Al final se comparó con sus propia cursada: «Cursé hasta tercer grado, pero aprendí mucho más que los chicos que terminaron séptimo acá. Incluso, mis dos hijos mayores empezaron la secundaria y tuvieron que dejar porque no entendían nada», señaló.
