Por Eduardo
Gabriel Jacquemín
Allá por mediados de los años `30, la familia Ross se reunía como todas las otras, para recibir el nuevo año en una de las chacras de la Capital del Monte. Pero había una novedad en la colonia, aquella familia de suecos lo recibía con luz incandescente.
Resulta interesante contar esta historia ya que, todos los obereño y visitantes que recibieron este 2013 en Oberá (excepto el intendente que lo recibió en Brasil); fueron espectadores del más patético pero no menos simbólico corte de luz el día 31 de diciembre a las 11.25 de la noche. En algunos casos, la oscuridad nos sorprendió sacando la carne de la parrilla, para otros fue en la mesa.
Para completar la oscura noche, lluvia, rayos y tormenta. No se puede dejar de mencionar que desde la mañana del 31, el agua estuvo cortada en varios sectores de la ciudad, no hubo ni una gota para lavarse las manos después de hacer el asado. La luz volvió en algunos sectores media hora después, pero en otros continuó el corte. Luego volvió a cortarse otro rato más en los primeros minutos del nuevo año, y también lo hizo durante el resto de la noche, además de la noche del día primero a las 21 hasta las 22.30. Algunos cenamos en la oscuridad, y recibimos al nuevo año a la luz de la vela pensando en lo que la desidia extrema convirtió a esta Oberá del 2013, e inevitablemente refrescando en la memoria que hace setenta años atrás, en una de las nuevas chacras de la colonia, al año entrante ya lo habían recibido con luz eléctrica.
Por fortuna, en este 2013 aún Edit Ross con 84 años puede contar la historia de su padre, un pionero que llegó desde Brasil, hijo de inmigrantes suecos que arribaron al Brasil en 1891.
Don Eduardo (Edwino) Ross fue un hombre de increíble ingenio. Nacido en 1902, en una localidad del Brasil, muchos de sus conocimientos los trajo al Yerbal Viejo de una escuela aerotécnica en Río Grande do Sul, pero otras fueron ideas llegadas desde el otro lado del océano.
Sobre la hoy Av. Picada Vieja (camino que unía con Campo Viera, que ayudó a abrir y mantener desde los años `30); desde la zona baja frente al Oberá Park hasta la denominada Picada Escandinava (frente al chacra de Erik Barney) a 2 km de la avenida de las Américas; se asentó en el año 1924, en un espacio de 19 hectáreas, luego de abandonar el vecino país donde habían quedado padres y hermanos.
En la colonia Yerbal Viejo se casó, en 1926, con Clara Ingeborg Abrahamsson, también hija suecos de aquella inmigración de 1891, que se asentaron en Brasil, luego en Bompland, y finalmente en lo que hoy es Oberá, donde nacieron sus cinco hijos: Walter, Edit, Irma, Emilio y Erlando, los tres últimos ya fallecidos.
Eduardo Ross no tuvo la suerte de que algún cauce de agua atravesara su chacra, a diferencia de sus vecinos, pero esto no lo desmotivó. Había una pequeña vertiente casi en el límite de la chacra y la hoy avenida Picada Vieja. La canalizó con tablones a lo largo de decena de metros y con pala y carretilla cavó y movió cientos de metros de tierra para crear un lago artificial, un enorme tajamar. Cuesta imaginar el tiempo y el trabajo duro durante semanas para lograr lo que una máquina hoy hace en un día o dos, pero así fueron aquellos hombres y mujeres que fundaron esta comunidad.
La vertiente alimentaba el tajamar, y este cumplía una función ingeniosa. Don Ross construyó con madera una enorme rueda, como lo cuenta Edit, es decir un molino donde a su vez le agregó engranajes reductores conectados a un dínamo. Cuando el agua del tajamar se canalizaba hacia la “rueda”, esta giraba y el dínamo alimentaba dos baterías.
Mientras dos baterías eran cargadas con electricidad por el sistema hidroeléctrico, Don Ross utilizaba las otras dos baterías en la casa de la familia. Una alimentaba tres focos, uno en la sala, otro en el dormitorio donde podía leer por las noches, y el tercero en la cocina – comedor. La otra batería tenía un fin diferente. La radio.
En 1939 Don Ross viajó a Buenos Aires en busca de lo que sería la primera receptora de radio de Oberá. Una enorme y pesada caja de madera repleta de válvulas marca Philips. Fue la única receptora de onda corta durante varios años. Los inmigrantes alemanes se reunían todos los mediodías para escuchar que acontecía en su Alemania que estaba en plena Segunda Guerra Mundial. Las reuniones entorno a la radio terminaron cuando un alemán exaltado por caída Hitler en Rusia, quiso romper el aparato. Suerte fue que uno de sus compatriotas lo detuvo a tiempo.
La rueda generó electricidad durante décadas, aunque lamentablemente no existen fotos de la misma, sabemos que cuando la Picada Vieja fue ensanchada, parte de las canaletas construidas en la década del `30 desaparecieron ante las palas de la motoniveladora municipal, y esto secó el tajamar. Las pocas fotos del lago que vemos pertenecen a principios de los `70. Edit relató que cuando el tajamar se secó, su padre le vendió el molino a su vecino Erik Barney (padre del ingeniero), que poseía un arroyo en su chacra.
El molino de agua no solo produjo electricidad para los focos de la casa familiar y la radio, también Don Ross había fabricado un “monyolo”, nombre de origen portugués que se le daba a una suerte de martillo con punta (en cuña) que molía granos o lo que se le pusiese allí.

El año exacto en que Don Eduardo Ross hizo funcionar el molino para generar energía eléctrica no lo sabemos, pues Edit ya no lo recuerda bien pero fue a mediados de los `30. Tampoco es una historia que aparece en los libros de Gualdoni Vigo o de Gil Navarro, pero si en unas memorias denominadas “Eduardo Ross, historia de un pionero” que fuera escrito por el fallecido historiador obereño Lloyd Wicktröm y facilitadas a Alvaro Jacquemín en 1980.
Los años pasaron, Don Ross falleció y la chacra fue vendida. El nuevo comprador con palas mecánicas emparejó el terreno y el tajamar desapareció.
Para la década del `40, el técnico Juan Joerg, que en 1937 había experimentado con un generador de 35 hp y un motor de avión, instaló la primera usina eléctrica de Oberá, con conexiones domiciliarias y algunos focos en las calles. Luego, en 1941 se fundó paralelamente la Cooperativa de Luz generando una competencia entre ambas empresas hasta que finalmente en 1962 se convierte en la Cooperativa Electrica Limitada de Oberá y absorbe el local y los motores de Joerg por lo que se monopoliza el servicio creciendo a gran ritmo hasta la actualidad.
En la víspera de este recién comenzado 2013 se hizo inevitablemente oportuno recordar estas historias de esos pioneros que trabajaron muy duro para convertir la selva en ciudad; y contarlas para que aquellos que no la conocen, la conozcan y aquellos que la olvidaron la recuerden, pero por sobre todo para aquellos que han llevado a la CELO a esta situación extrema de ineficiencia, de luz y agua que se corta a cada rato, de números en rojo y que la usaron como “caja política” durante dos décadas, malgastando recursos sin control y no invirtieron en lo que debían; sientan aunque sea UN POCO DE VERGÜENZA, pero además para que los propios obereños por un momento tomen conciencia de lo que su indiferencia ha hecho.




Mis felicitaciones al autor de este magnífico artículo,de inestimable valor histórico para todos los obereños que como el suscripto, ignoraba sobre el surgimiento del suministro de la energía eléctrica, su uso y aplicación, en los albores del siglo XX; efectuado por aquellos notables hombres que con tesón y espíritu de sacrificio, nos marcaron la senda a seguir y que se contrapone hoy con la prestación eficaz de este vital servicio, para la comunidad.
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